Sangre. Lo que nos mantiene vivos. La representación de la vida. Sangre. Eso que se derrocha inútilmente a diario. Sangre, siempre acompañada de dolor, trae la vida y se la lleva, como un ciclo sin sentido. Lo que hierve cuando fluye el odio. Lo que inunda de olor oxidado el aire cuando corre libre por el asfalto. Sangre, que huele a hierro y a vida...
Cuando empezamos a tocar aún teníamos esperanza. Creíamos que avanzar en este mundo pútrido era aún cuestión de trabajo, de creer en algo y de tener una meta. El principio, que no era otra cosa que una vuelta en el ciclo, dejó de ser principio para convertirse en continuación, y fueron pasando los años, esperando eso que esperan todos los artistas de una forma u otra; que su obra vea la luz pública, en definitiva tener opciones. Entretanto fuimos grabando cada año nuevos paquetes de canciones, dando forma al ruido para convertirlo en arte, dando forma al arte para convertirlo en guerra, una guerra perdida de antemano gracias a los cerdos con corbata que rien desde sus despachos mientras cuentan sus beneficios. Algunos se fueron quedando en el camino, otros se agregaron, hasta que hoy y desde hace unos 3 años nos quedamos los que estamos. Cuatro individuos, residuales, aislados, fallidos, perdidos, muertos en vida, pero conscientes, una consciencia que nos abrasa cada segundo que pasa.